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Cierto día que regresaba de mi colegio, estaba un poco cansada, al llegar a mi casa a la dos de la tarde, no encontré a nadie, mis papas no estaban porque ellos laboran todo el día en la empresa, me fui a cambiar de ropa a mi habitación, vivo en caracas Venezuela, me llamo Marcela soy una chica de 18 añitos que mide 1.70 cm, piel blanca, ojos azules, de cabello castaño el cual lo tengo más abajo de los hombros, tengo un cuerpo apetecible ya que voy al gimnasio, las personas dicen que tengo una figura espectacular.
Me encontraba sentada en la cama, ya sin ropa, apunto de colocarme mi pijama, viéndome mi monte de venus velludo descubierto y bien recortado, de un momento a otro me encontraba excitada, necesitaba quitarme este calor, me levante para ir a tomar un vaso de agua cuando entra mi perro llamado Romeo que es de raza pura, su color es marrón, siendo un lindo pastor alemán, camine hacia donde el estaba para saludarlo, me arrodille, era tanto mi emoción sexual que comencé a acariciarlo, paso por mi mente la idea de hacerlo con él, el deseo era tan intenso pero me dije será una nueva experiencia, tenia miedo de que él no reaccionara a mis impulsos animales, pudieron mas mis deseos, me levante para cerrar la puerta con seguro por si acaso llegaba antes mis padres, Romeo se recostó en la alfombra, me arrodille de nuevo y comencé a acariciarlo, pase mis manos por su espalda, las moví hacia su sexo, acariciándolo con cariño, él disfrutaba ese momento, empezando asomarse su pene de color rosa, cuando esto sucedió lo acaricie de una manera suave para que se sintiera bien, le fue creciendo de una forma rápida, se sentía gustoso Romeo de que su dueña lo emocionara.
Me sentía poseída por el deseo, por un momento no creía lo que estaba haciendo, pero me deje llevar por mis instintos animales, lo seguía acariciando, su pene continuaba creciendo, salía una sustancia que lo hacia parecer así de suave, tuve el impulso de olerlo, me fui acercando cada vez más hasta que lo tenia a unos milímetros de mi nariz, fue cuando me pregunte que sabor tendrá, lo tome con una de mis manos acercándolo a mi boca, lo bese, de momento lo metí en mi boca era una sensación muy agradable aunque un poco extraña, lo saboree por unos instantes moviendo mi boca alrededor de su pene, me sentía atrapada por ese inclinación canina, decidí que tenia que terminar lo que había comenzado, tenia que dejarlo totalmente satisfecho, en ese instante como me encontraba desnuda, Romeo se encontraba a la espera de que yo me pusiera en posición de perrita, me estire lo más que pude, colocando mis codos en la alfombra, separe las piernas, mi perrito de en un impulso completo subió sus patas en mi espalda, acerco su pene, lo sentí rozando mi muslo, Romeo no es muy alto, no alcanzaba a colocármelo, así que tuve que separar lo más que pude las piernas, mi perrito se acerco, sintiendo su pene rozando mi vagina, comprendí entonces de que mi esfuerzo no había sido inútil, pase la mano derecha por debajo de mi estomago, tomando el pene de Romeo, situándolo en mi vagina, lo consideré muy suave, de repente inicio a empujarlo, sentí como me penetraba, en unos segundos yo lo tenia adentro, él tenia una excelente lubricación, resbalaba muy bien, así permaneció un buen rato, después de unos momentos sentía como se hacia mas grande, mi perrito estaba gozando de lo lindo, yo por mi parte me sentía en el paraíso, cuando me mete su bola en la vagina, por un momento Romeo detuvo su acción, llenándome de su liquido caliente dentro de mi, me moví ligeramente para que su semen canino me invadiera adentro, nos quedamos quietos así por unos minutos, yo con las piernas totalmente abiertas, mi perrito estaba pegado a mi, nos encontramos abotonados como dos perritos que hacen el amor, en seguida su pene comenzó a deshincharse, Romeo se separó de mi, dejando escapar ese liquido de mi hoyito.
Al final me acerque cariñosamente para darle las gracias por quitarme el calor que había en medio de mis piernas, lo acaricie, Romeo esa noche se quedo en mi habitación, yo dormí totalmente desnuda en la cama con las piernas abierta y mi perrito en la alfombra que era testiga de nuestro encuentro.
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