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Claudia acababa de volver de un largo viaje, pensando que tras él su deseo habría desaparecido, pero tras cada nuevo lugar imaginaba su figura masculina que le transmitía calor.
Un escalofrío se apoderaba de ella, al imaginar poder sentir su cuerpo rozando el suyo. Había deseado que él compartiera sus noches de soledad, la sola idea iluminaba su cara, una sonrisa de satisfacción se podía entrever en su rostro.
Aquella mañana ella se había levantado con una energía que la recorría por completo, decidió que iba a ser un día especial, se levanto y preparo la bañera, cuando su cuerpo se sumergió en el agua perfumada sintió una placentera sensación, como el agua acariciaba todas las partes de su ser, se relajo y sintió como la energía le recorría todo el cuerpo pasando por su vientre, sus senos, su espalda, bajando por sus nalgas e inundando su yoni, deseo nuevamente sentir las manos de su amado acariciarla, el solo pensamiento hacia crecer el deseo más y más.
Salió de la bañera y envolvió su bronceado cuerpo con una tela de seda que podía dejar entrever su silueta, tras cubrir su cuerpo con un suave aceite con aroma a jazmín, se puso un vestido de tirantes que marcaba sus esbeltas formas.
Cuando salió al exterior el sol penetro en su piel, ayudando a mantener ese calor interno que latía con fuerza, su andar era bello, armonioso, insinuante, como una hembra en celo, a su paso se podía sentir el aroma del deseo, de la pasión, del amor.
En un instante se encontró frente a su puerta, los deseos la invadían, su corazón se acelero, cuando el apareció.
Su cuerpo cubierto solo por un pareo, su pecho desnudo, su cabello negro y rizado suelto, el aroma del incienso, la luz tenue de una vela.
Le abrazó, pudo sentir su olor a deseo, su piel suave, el tamaño de su lingam evidenciaba su excitación.
Tras cogerla en sus brazos, la dejo suavemente sobre la alfombra cubierta de cojines, el sonido de la música la transporto a otra dimensión.
El acerco a sus labios una copa con cava cubierta con fruta, para apaciguar su calor. Una sola cosa podría saciar su sed, beber de su amado, nadar en su cuerpo, él lo sabía.
Se miraron a los ojos, uno podía sentir lo que sentía el otro, era un solo sentimiento, una sola sensación que les envolvía, que se apoderaba de ellos para hacerles entrar en las aguas del placer.
Sin dejar de mirar sus ojos él acarició su pelo, podía sentir en las yemas de sus dedos la energía salir, una electricidad que le recorría el cuerpo.
Claudia al sentir sus dedos cerro los ojos, para percibir todavía más intensamente el roce de su piel. Sus dedos acariciaron suavemente su pelo, su nuca, sus párpados, su nariz, sus mejillas, sus cálidos labios, sus dedos muy lentamente bajaron por su cuello hasta llegar a sus senos, a través del vestido pudo sentir sus pezones crecer, recorrió su vientre muy despacio, con mucha suavidad, para ella eran como volcanes recorriendo cada parte de su cuerpo, al llegar a su yoni paso suavemente su mano, pudo sentir en la palma el intenso calor que desprendía, siguió bajando, acarició el interior de sus piernas, muy suavemente, muy despacio llegó a sus rodillas, siguió hasta llegar a sus pies, toco cada uno de sus dedos.
En esos momentos sintió que ella era suya, que cada parte de su ser le pertenecía, deseaba sentirla vibrar, quería volar con ella hasta los límites del placer, hasta fundirse en un solo ser, siguió recorriendo los dedos de sus pies ascendiendo con las palmas de sus manos, esta vez el contacto era más penetrante, él quería sentir cada parte de su ser latir bajo sus manos.
Sus manos empezaron a subir por sus piernas muy despacio, la energía al vibrar le hacia estremecerse de placer, podía sentir en su cuerpo lo que ella sentía, al tocar sus piernas sentía como las suyas eran acariciadas, al acercarse a su yoni sintió como su lingam ansiaba poseerla, paso sus manos por debajo del vestido, sus dedos acariciaron los labios del yoni, húmedos por la excitación, toda su vulva pedía encontrarse con su lingam, siguió acariciando su cuerpo, a medida que sus manos se deslizaban descubrían su cuerpo, bello, ardiente, ansioso, el vestido que la había cubierto hasta ese momento dejo paso a la desnudez.
En ese momento ella abrió los ojos, las manos de Claudia se entremezclaron con su pelo, miro sus labios, al instante los sintió en los suyos, saciando su sed, sus cuerpos se acoplaron, su lingam la penetro, haciéndole estremecerse y gemir de placer, las manos de claudia acariciaban su espalda, sus piernas le capturaban, el ritmo de sus cuerpos y el sonido de sus labios era estremecedor.
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