|
Creo que este es un buen momento para decirte esto. Sé que lo estás pasando mal, y que eso impide que mantengamos nuestro fuego más con la cabeza que con el corazón. Sabes que puedes confiarme lo que quieras, y estoy dispuesto a ayudarte en todo. Pero eso para mí no es suficiente. Sigo empeñado en conocerte más a fondo y estoy seguro de que, de alguna manera, lo conseguiré.
Todavía me pregunto cómo pudo pasar. Cómo es que nada más verte y sólo a base de charlar contigo me diste la imagen del tipo de chica que he buscado siempre: cariñosa, divertida, picante, responsable, sonriente… Y aunque no venga a cuento con mi intención en esa "carta", guapísima y realmente comestible…
Desde entonces no he hecho otra cosa más que tenerte en mi cabeza. Una de las escenas con las que más he soñado es la de tenerte abrazada a mí, besándonos y charlando entre sonrisas. Supongo que ya te lo he contado en más de una ocasión… Muchas veces he pensado en vivir soltero, pero entonces me he visto a mí mismo contigo o notando cómo, casi sin querer, sonrío cuando recibo tus mensajes. Cada vez estoy más seguro de que estoy mejor así, porque concuerda con mi forma de ser. Ya sabes que me gusta hacer que la gente de mi alrededor esté feliz en mi compañía, pero contigo la cosa cambia. Además de eso, pienso siempre en cómo hacer que te sientas la mujer más feliz.
Decir "te quiero" es fácil…
¡¡TE QUIERO!!
¿No ves? ¡Ya está dicho! Pero de decirlo sin más a decirlo con todo el corazón y el cerebro pensando en la persona a la que se lo dices mientras la miras con los ojos brillando, hay un mundo. Y, ¿sabes? Me gustaría tenerte frente a mí para corroborar que eso es verdad. Aunque me joda (por decirlo, de alguna forma, a mi estilo), quiero sentir miedo cuando llegue el día. Quiero estar nervioso y tener dolor de estómago. Morirme de vergüenza y no ser capaz ni siquiera de mirarte, llegando incluso a querer echarme atrás. Porque sólo entonces sabré de veras que me gustas y me importas mucho más de lo que creía, y que daría lo que fuera por que estuvieras conmigo para siempre.
¿Ves lo que haces, o mejor dicho, lo que llevas haciendo en mi cabeza desde que te conozco? Tu recuerdo me ayuda a levantarme todos los días. Me ducho imaginándote conmigo entre el vapor. Si veo una estrella fugaz deseo con todas mis fuerzas tenerte entre mis brazos y, si te llevo en coche a dar un paseo por el campo, para mí es la escena de la película en la que el caballero se declara a su doncella a lomos de su montura. En la edad media, los caballeros morían en lucha con tal de que sus prometidas vivieran. El día que me regales tu amor, me convertiré en un caballero de este siglo, y el hecho de que tú seas mi princesa será suficiente para luchar por ti el resto de mi vida. Y es que, nena, moriría por tí.
|